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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I) - Pàgina 2

diumenge, 20 de maig de 2007 19:52

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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I)
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De 1908 a 1926

La recopilación más completa de las cartas escritas por Antonio Gramsci hasta 1926 apareció a principios de los años noventa (4). El editor de este epistolario, Antonio A. Santucci, hacía observar en esa fecha el número relativamente reducido de las mismas para un periodo que comprende casi veinte años, sobre todo si este número se compara con el de las escritas en los diez años que siguieron a la detención. Naturalmente, esta diferencia se explica, en gran parte por el cambio de circunstancias en la vida de Gramsci: no se escriben tantas cartas cuando uno está estudiando, o metido en la vorágine de los acontecimientos políticos, como las que se escriben cuando uno está solo y aislado en la cárcel. Por otra parte, parece que hay que hacerse a la idea de que algunas de las cartas escritas por Gramsci sobre todo en el periodo de L´Ordine Nuovo semanal, entre 1919 y 1920, se han perdido definitivamente, pues de ese periodo sólo se conoce una, escrita a Serrati en febrero de 1920. Algo parecido puede decirse de algunas de las cartas redactadas entre 1922 y 1923, mientras Gramsci vivió en Moscú y en Viena.

Hay lagunas de importancia en este epistolario, sobre todo para los años que van de 1914 a 1926. Santucci pensaba, hace diez años, que algunas de esas lagunas, las correspondientes al periodo de 1922 a 1926, tal vez podían colmarse investigando en las archivos de la antigua Unión Soviética, pero no parece que hasta el momento hayan sido descubiertas piezas muy sustanciales a este respecto. Y, por otra parte, las cartas del Gramsci estudiante (en Cagliari y, sobre todo, en Turín) no dicen mucho sobre la formación de su carácter y de su personalidad. Hasta 1913 esas cartas son, mayormente, un memorial de quejas al padre (y a la familia en general); quejas de un estudiante pobre, que depende de una beca y de la ayuda de los suyos para su subsistencia, que pasa frío y hambre en la ciudad industrial, que se ve obligado a cambiar de pensión por falta de medios, que sufre constantes dolores de cabeza, al que le cuesta mucho adaptarse al ambiente, que necesita ayuda y no la encuentra. La impresión que se saca al leer este epistolario es que el joven Gramsci tenía un importante vínculo afectivo con la madre y que, quejas aparte, sólo encuentra un hilo que le una con los que han quedado en la isla: la lengua, el interés por las palabras y su historia, reforzado por las sugerencias que está recibiendo en Turín del profesor Matteo Bartoli sobre el dialecto sardo. De manera que cuando en Turín Gramsci encuentra otros vínculos, político-culturales, en las proximidades de la universidad, la correspondencia con los familiares, ya tensa antes, se interrumpe.

Sólo hay una carta de esos años, fechada en 1916 y dirigida a la hermana Grazietta, en la que Gramsci se desnuda. Esta carta, escrita después de un larguísimo silencio, permite hacerse una idea de la dimensión de la crisis por la que el universitario ha pasado entre 1913 y 1915: "Durante un par de años he vivido fuera del mundo, casi como en un sueño. He dejado que se fueran rompiendo uno a uno todos los hilos que me unían al mundo y a los hombres. He vivido exclusivamente para el cerebro sin dejar nada para el corazón. Y seguramente eso ha ocurrido porque mi cerebro sufría mucho, siempre me estaba doliendo la cabeza, y he acabado por no pensar más que en ella" (5). Aparecen ahí giros y expresiones sobre el propio carácter que Gramsci reiteraría luego muchas veces, en su correspondencia con Julia y Tatiana Schucht, el sentirse, por dentro y por fuera, como un oso en la caverna, como un lobo en su cueva, que reacciona ante el dolor físico y la soledad sumergiéndose en el trabajo intelectual y político.

Resulta evidente, por lo que escribió en las varias publicaciones socialistas en que colaboró entre 1914 (después de renunciar a los estudios universitarios) y 1920, así como por algunas reflexiones autobiográficas posteriores, que, en esos años, Gramsci encontró su ambiente, salió parcialmente del aislamiento en que al principio vivió en Turín e hizo amigos (algunos de los cuales, como Piero Sraffa, para lo que le quedaba de vida). Pero de eso apenas hay rastro en las pocas cartas que han quedado. La actividad periodística y política no le dejan tiempo, ya entonces, para la comunicación epistolar de los sentimientos. De manera que para saber cómo creció el hombre Gramsci durante los años de la primera guerra mundial el epistolario es muy insuficiente. Hay que acudir a los testimonios de aquellos que estuvieron cerca de él en Turín y/o establecer conjeturas a partir de algunos pasos de sus colaboraciones en en Il Grido del Popolo, en Avanti, en La città futuraL'Ordine Nuovo. y en

La cosa cambia a partir del viaje de Gramsci a Moscú en diciembre de 1922. Comparativamente, las cartas que escribe desde entonces hasta 1926 son muchas más. Y esto por dos factores muy determinantes. El primero fue la relación sentimental con Julia Schucht, el nacimiento del amor. El segundo que, estando en Viena como liberado político, en una ciudad que le era ajena y con un trabajo de organización pensado para Italia, Gramsci dispuso de mucho tiempo para escribir cartas: unas, amorosas, para consolidar la relación naciente con Julia; otras para cumplir con el mandato político que le había llevado allí. Así pues, a la hora de estudiar la relación entre lo público y lo privado en Gramsci durante ese periodo, aunque haya algunas lagunas en la correspondencia, aunque se hayan perdido algunas cartas por la clandestinidad de unos y la vida de saltafronteras de otros, el epistolario de Moscú y Viena, y las cartas enviadas desde Roma entre 1924 y 1926 son suficientes. Precisamente en ese periodo Gramsci inicia una reflexión sobre amor y revolución, sobre política y sentimientos, que constituye una clave para la mejor comprensión de lo que fue el hombre. Lo esencial de esa reflexión está en las Lettere a Julka, recopiladas por Mimma Paulesu Quercoli en 1987 (6) e incluidas también en el epistolario editado por Santucci. No parece que el descubrimiento de nuevos documentos para ese periodo vaya a cambiar ya la idea de Gramsci que el lector atento puede hacerse a partir del epistolario ahora disponible.