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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I) - Pàgina 5

diumenge, 20 de maig de 2007 19:52

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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I)
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Amor que a nada ha amado amar perdona

Es posible que Antonio Gramsci haya tenido relación sentimental íntima con alguna otra mujer antes de conocer a Julia Schucht en Moscú. Alguna de las personas que estuvieron cerca de él en Turín, en la época de L´Ordine Nuovo, así lo ha testimoniado, e incluso ha dado el nombre de la amiga (13). Pero, si así fue, de aquella relación sentimental no ha quedado eco alguno en el epistolario. No es extraño que no lo haya en el epistolario de esos años puesto que, como he dicho, las cartas de entonces que han quedado son poquísimas. En las cruzadas con Julia en Moscú, poco después de conocerse, y desde Viena y Roma, cuando el amor se ha declarado, no hay recuerdo de un amor anterior. Ni mención en ninguna de las cartas escritas desde la cárcel. Naturalmente, cuando se sabe de la contención sentimental de Gramsci este dato no quita verdad al otro testimonio, aunque es raro que en el momento inicial de las declaraciones y de las confesiones recíprocas, cuando en el caso de Julia sí aparece alguna alusión a otra relación sentimental, el varón Gramsci no diga nada al respecto, sobre todo si, como parece, no había pasado demasiado tiempo de su otra relación. La única alusión, por lo demás genérica, a relaciones eróticas anteriores está, que yo sepa, en una carta que escribió a Julia al poco de conocerla en Moscú. Dice así: "He tratado incluso de convencerme a mí mismo de que le había recitado a usted una comedia, como he hecho otras veces (porque de verdad lo he hecho otras veces) cuando, convencido de que no podía ser amado (¿se acuerda usted de una discusión sobre cierto verso de Dante?), me proponía conseguir granjearme las manifestaciones externas del amor..." (14).

Respetemos, por tanto, el pudor de los dos. Y de sus familiares.

Antonio Gramsci conoció a Julia Schucht durante el verano de 1922. En junio de ese año Gramsci estaba en Moscú para participar en la segunda Conferencia del Ejecutivo ampliado de la Internacional Comunista. De ella salió como dirigente de la III Internacional. Gramsci había llegado a Moscú con una fuerte depresión, tenía temblores, tics y a veces convulsiones, por lo que inmediatamente después de la Conferencia tuvo que ser internado en el sanatorio de Serebriani bor [El bosque de plata], en el que por entonces estaba alojada también Eugenia Schucht recuperándose de un agotamiento psicofísico. Antonio estableció allí relación con Julia a través de Eugenia. Las hermanas Schucht habían vivido durante algún tiempo en Italia y hablaban italiano (15). Seguramente esto fue determinante para un hombre como Gramsci de quien Pier Paolo Pasolini dejó dicho que era un tímido al que la timidez empujaba a vivir siempre impersonalmente.

La relación que estableció con Julia fue inicialmente, durante algunos meses, esporádica y de camaradería. Los dos primeros billetes de Antonio a Julia que se han conservado van encabezados con un "querida compañera". El tratamiento es de usted y respetuoso. Gramsci propone en ellos citas en Moscú y en el sanatorio (en las proximidades de Moscú) para visitar a Eugenia; juega con la (aparente) complicidad de la hermana y se despide de Julia con las fórmulas "afectuosamente" y "con afecto". Una viñeta familiar, humorística, que se ha conservado, fechada el 16 de octubre de 1922, sugiere la existencia de una relación sentimental en ciernes: la hermana Eugenia es el objeto activo de la broma que al mismo tiempo facilita la comunicación entre los otros dos.

Los primeros encuentros con Julia en Serebriani bor han dejado en Gramsci una huella imborrable. Una carta que la escribe desde Roma un par de años después, cuando ya la relación se ha hecho estable, desvela, para nosotros, el contexto y el sentido de la discusión en Serebriani bor sobre "un cierto verso de Dante". Este dice: Amor que a nada ha amado amar perdona. La escena, en una habitación del sanatorio con una sola cama, habla de las dificultades de ambos para decidir allí la relación. Antonio dirá luego: "Me acuerdo de todos los detalles porque creo que aquella noche fue muy importante para nosotros y que luego, durante mucho tiempo, estuvimos jugando a la gallina ciega. ¡Qué horror!" (16).