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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I) - Pàgina 7

diumenge, 20 de maig de 2007 19:52

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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I)
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Viena: el mundo grande y terrible

Antonio Gramsci vivió en Viena desde principios de diciembre de 1923 hasta mediados de mayo de 1924, apenas un invierno y media primavera. Los recuerdos que nos ha dejado, en las cartas a Julia, de aquel "mundo grande y terrible, y encima en manos de los burgueses", son, por lo general, melancólicos, muy mediatizados por el sentimiento de la ausencia. Durante aquellos meses su actividad político-organizativa fue muy intensa, pero no llegó a congeniar ni con los propietarios de las casas en que allí vivió ni con sus colaboradores más próximos, como el argentino Mario Codevilla. En Viena le visitaron, con encargos políticos varios, camaradas italianos; y desde Viena escribió Gramsci muchas cartas, algunas de ellas interesantísimas para entender el ambiente político de los revolucionarios sin revolución: a Urberto Terracini, PalmiroTogliatti, Ruggero Grieco, Alfonso Leonetti y otros destacados comunistas italianos (21).

En Viena tuvo Gramsci la oportunidad de conocer de cerca no sólo las dificultades del trabajo organizativo y periodístico realizado lejos de los lugares en que uno tiene puestos el corazón y la cabeza, sino también de reconocer las debilidades y miserias del sectarismo de algunos de los próximos. Refiriéndose a la mujer de Joseph Frey, secretario general entonces del partido comunista austríaco, en cuya casa vivía, escribe poco después de llegar a Viena: "Maldice continuamente al partido que la obliga a tener en casa a personas tan molestas y antipáticas como yo... pero conserva el carnet del partido porque, si no, la fracción dirigida por su marido en este desgraciadísimo partido perdería el uno por ciento de sus afiliados. También este 'fenómeno' me ha puesto bruscamente ante viejas cosas conocidas que se me habían olvidado un poco al cabo de año y medio de alejamiento".

Desde esta primera carta, escrita el 16 de diciembre de 1923, Gramsci se queja, una vez más, de su soledad y del aislamiento: soledad sentimental y aislamiento político. En seguida pide a Julia que vaya a Viena a trabajar con él, pensando, sin duda, que esta sería la forma de ahondar una relación estable entre revolucionarios. Y, mientras Julia sigue en Moscú, el motivo principal de la correspondencia será precisamente la posible colaboración en el trabajo ideológico y político. Así, invita a Julia a emprender juntos la traducción al italiano de la edición del Manifiesto comunista preparada por Riazanov; le requiere continuamente información sobre el desarrollo de los acontecimientos en Rusia; y trata de contrastar con su opinión las informaciones que le llegan acerca de las primeras discusiones, serias ya, que se estaban produciendo en el núcleo dirigente del PCUS. Sobre ese fondo una constante: la melancolía por la ausencia de la amada que sólo muy parcialmente puede paliar la actividad política y organizativa.

La sensación de rutina, la pésima impresión que le produce la desorganización, el desconcierto y el pesimismo que observa entre los compañeros italianos que ve en Viena, las noticias que le llegan de Italia y de Alemania deprimen nuevamente a Gramsci. Trata de salir del hoyo, como lo había hecho ya en otras circunstancias parecidas, a base de voluntad y recurriendo al humor. De este humor, que le lleva a distanciarse moderadamente de algunas de las cosas serias que se trae entre manos, hay muestras recurrentes en el epistolario de Viena. Así, en la carta a Julia del primero de enero de 1924 se pregunta Gramsci qué les deparará, a él y a su amor, el nuevo año, y luego escribe: "¿Podremos estar juntos un poco de tiempo disfrutando mutuamente con la presencia del otro y riéndonos de todos y de todo, con excepción, por supuesto, de las cosas serias que, de todas formas, son muy pocas en este mundo grande y terrible?".

Durante semanas el trabajo central de Gramsci en Viena ha sido precisamente redactar cartas para recuperar las relaciones en el partido italiano y preparar la publicación de L´Ordine Nuovo quincenal. Pero también estas cartas -le dice a Julia- "se están convirtiendo en mi pesadilla". Casi no sale de casa: lee y escribe. No se aclimata a las costumbres del lugar: pasa frío y traduce. Describe su vida en Viena como "simple y transparente" y recuerda una frase Rimbaud. Eso es todo. Quiere, en cambio, que Julia vaya a Viena y que le informe del debate que se está produciendo en el PCUS. No hay duda de que este debate le inquieta. Al principio, por las noticias que le llegan, sus simpatías parecer estar con Trotsky para el que, en Moscú, había escrito algo sobre la evolución de los futuristas italianos. Pide uno de los libros de éste y cuenta a Julia que no sabe cómo explicarse el ataque de Stalin contra Trotski, que eso le parece muy irresponsable y peligroso, pero que no ha podido ver todavía los papeles y que quizás el desconocimiento del material puede hacerle juzgar mal. Eso está escrito el 13 de enero de 1924. En la misma carta busca la complicidad personal de Julia: "Para evitar cualquier peligro relacionado con la dispersión tendrías que escribirme en forma cifrada".

"Dispersión" es aquí un eufemismo para nombrar un ambiente, el del reflujo revolucionario, que estaba incubando sospechas y maniobras inesperadas en la nueva Internacional. Escribir en forma cifrada no es una idea personal de Gramsci. Era relativamente habitual en aquel ambiente y ha seguido siéndolo en situaciones de clandestinidad o semiclandestinidad. Umberto Terracini se lo ha sugerido a Gramsci y Gramsci refuerza el vínculo político-sentimental sugiriéndoselo a Julia. Al mismo tiempo, a medida que comprueba la "dispersión" que le rodea, su requerimiento a Julia se va haciendo más apremiante y más amoroso: "No puedo estar sin ti. Eres una parte de mi mismo y siento que no puedo estar lejos de mi mismo. Estoy como suspendido en el aire, como alejado de la realidad. Pienso siempre, con infinita emoción, en el tiempo que hemos pasado juntos, en aquella intimidad, en aquella tan grande expansión de nosotros mismos" (22).