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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I) - Pàgina 8

diumenge, 20 de maig de 2007 19:52

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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (I)
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Amor y filología

Una de las cosas que probablemente han dificultado más la relación sentimental de Antonio Gramsci con Julia Schucht fue la forma que él tenía de leer las cartas de ella. Éstas eran, por lo general, cortas y estaban escritas en un italiano claro y sencillo, de manera que el obstáculo principal en la comunicación no parece haber sido la diferencia lingüística, aunque es verdad que la diversidad cultural también cuenta por debajo de las identidades ideológicas y políticas. Pero más que eso cuenta, en este caso, la atención, a veces exasperante, con que Gramsci escrutaba cada párrafo de las cartas íntimas para captar en ellas la más mínima variación en los estados de ánimos de la mujer a la que amaba.

Este constante cribar, que también practicó introspectivamente, desde luego, llegaría a convertírsele con el tiempo en una auténtica obsesión. Al final de su vida confiesa a Julia que lee sus cartas varias veces: la primera vez -dice- como se leen las cartas de las personas a las que queremos, "desinteresamente, por así decirlo"; luego -añade- vuelve a leerlas "críticamente", para tratar de adivinar cómo estaba Julia el día en que le escribió, para observar atentamente cómo es su escritura, la mayor o menor seguridad de la mano ese día, y sacar así de las cartas "todas las indicaciones y significados posibles" (23). Esto último está dicho cuando la enfermedad y las penalidades sufridas en las cárceles por las que ha pasado habían deteriorado mucho el humor y el carácter de Gramsci. Pero ya en el epistolario de Viena aquel hombre que acaba de enamorarse y que quiere cambiar su vida deja algunas señales inequívocas de su ansiedad. Casi a renglón seguido de la propuesta de pasar al lenguaje cifrado para hablar de las cosas de la política, escribe a Julia:

Tu última carta me ha hecho una impresión extraña, me ha dejado un poco inquieto. No consigo entender del todo tu estado de ánimo. Me parece que estás un poco inquieta y desorientada. ¿Depende eso solamente del no tener todavía una casa, del estar obligada a una vida de zíngara, del cansancio que supone un trabajo sin descanso? Espero que sea así, pero me da la impresión de que no puede, o no debe, ser únicamente eso. Me parece que hay en ti una ansiedad que te debilita más que la fatiga. Tienes que escribírmelo todo, tienes que decirme todo lo que sientes para que yo tenga al menos la ilusión de tenerte cerca de mí (24).

Incluso después de saber que Julia espera un hijo suyo y que esto va a anudar aún más las relaciones, ante una frase de ella que dice "crece una sombra: ¿te encontraré todavía?", Gramsci responde abruptamente, a finales de marzo, que no ha entendido nada, "absolutamente nada", de esa carta y después de encadenar una serie de suposiciones a cual más inconveniente sobre el significado de estas palabras (si ella ha vuelto a ver "al otro", si no habrá sido ella más que un agente de la Cheka para probar su corruptibilidad o si se trata tal vez de una manifestación más de la célebre "alma eslava"), repite, ya en serio, que sigue sin entender nada, y advierte de forma solemne que no quiere alusiones entre ellos para acabar exigiendo por dos veces "claridad total, absoluta, aunque haya que sangrar".

Y todavía en un momento en que la relación sentimental se ha consolidado definitivamente, cuando Julia anuncia que va a viajar a Italia con su primer hijo para encontrarse allí con Antonio, éste, en un tono ya muy cordial, ironiza con oficio de filólogo. "Empleas -dice a Julia- la palabra 'quiero' junto a estas otras palabras: 'estar cerca de ti'. Esta voluntad tuya me ha producido una gran impresión." Pero para el filólogo que pudo ser Gramsci doblado de político volitivo también el querer, o más que nada el querer, tiene que precisarse. Así que después de narrar sus propias andanzas y de recordar con melancolía que el hijo, Delio, e incluso su propio amor, ha sido "como una estrella fugaz en la noche de san Lorenzo", Gramsci acaba la carta con esta broma: "Tendrás que explicarme el significado exacto de la palabra quiero: Tatiana está segura de que vendrás en septiembre [como realmente ocurrió] y ya está preparando las habitaciones en que viviremos" (25).

Es, sin embargo, casi siempre entre dos momentos malos, a los pocos días de haber expresado una sospecha o de haberse ejercitado en un puntillismo más propio del filólogo que del varón que quiere hacer algo positivo por su relación sentimental, cuando Gramsci escribe las cartas íntimas más hermosas, justamente al reflexionar sobre lo que le está costando adquirir el equilibrio emocional necesario. Así, por ejemplo, cuando después de casi tres semanas sin noticias de Moscú empieza a pensar que, en efecto, las condiciones de salud de Julia eran graves y recibe la noticia de que ella está embarazada: "Me ha dado un vuelco el corazón al leer tu carta. Ya sabes por qué. Pero tu alusión es vaga y yo me consumo, porque querría abrazarte y sentir también yo una nueva vida que une las nuestras más de lo que ya lo están, amor mío tan querido".

Esta es la carta en la que escribe el párrafo -ya mencionado- que vincula la lucha revolucionaria y el amor a una colectividad con la necesidad de amar profundamente a criaturas humanas individuales. En ella Gramsci narra a Julia la vida solitaria que ha llevado desde la infancia, la enorme complicación de sus relaciones con los otros, su necesidad de estar siempre ocultando los sentimientos más íntimos, incluso en el marco de las relaciones familiares. Esta declaración viene motivada, naturalmente, por uno de los acontecimientos que más conmueven en la vida y por el deseo, que la noticia suscita, de volver a estar con la persona amada. Pero hay ahí algo más. Es como si Gramsci hubiera intuido en esa circunstancia que en los caracteres fuertes, y en situaciones emocionales así, es precisamente el reconocimiento recíproco de ciertas debilidades compartidas lo que más une. Pues en la misma carta del 6 de marzo de 1924 desliza también una aguda premonición que no se puede pasar por alto.

 

Notas

 

(1) G. Fiori, Vita di Antonio Gramsci, Laterza, Roma-Bari, 1966; A. Lepre, Il prigioniero. Vita di Antonio Gramsci, Laterza, Roma-Bari, 1998. De la biografía de Fiori se han hecho varias reimpresiones en Italia y ha sido traducida a la mayoría de las lenguas europeas. La biografía de Lepre incorpora cartas, documentos y testimonios que fueron dados a conocer en las últimas décadas y que aclaran algunos puntos oscuros sobre las opiniones de Gramsci entre 1926 y 1937.
(2) Para más detalles sobre estos trabajos véase "Guía para la lectura de Gramsci", pág. 000.
(3) G. Fiori, Gramsci, Togliatti, Stalin, Laterza, Roma-Bari, 1991.
(4) A. Gramsci, Lettere. 1908-1926, al cuidado de A. A. Santucci, Einaudi, Turín, 1992.
(5) Lettere. 1908-1926, edición Santucci, pág. 84.
(6) A. Gramsci, Forse rimarrai lontana. Lettere a Iulca. 1922-1937, Editori Riuniti, Roma, 1987 (traducción castellana: Cartas a Yulca, Crítica, Barcelona, 1989).
(7) A. Gramsci, Lettere dal carcere, al cuidado de A. A. Santucci, Sellerio Editore, Palermo, 1996, dos volúmenes (el primero con las cartas de 1926 a 1930 y el segundo con las cartas de 1931 a 1937).
(8) La publicación de la correspondencia entre Tatiana Schucht y Piero Sraffa ha zanjado muchas de especulaciones acerca de la esta relación. Cf. P. Sraffa, Lettere a Tania per Gramsci. Introducción de Valentino Gerratana. Editori Riuniti, Roma, 1991.
(9) A. Cambria, Amore como rivoluzione, Sugarco Edizioni, Milán, 1976.
(10) Bertolt Brecht, "A los hombres futuros", traducción castellana de Jesús López Pacheco y Vicente Romano, en Poemas y canciones, Alianza Editorial, Madrid, 1968.
(11) Véase, además de las biografías citadas, Gramsci vivo nelle testimonianze dei suoi contemporanei, al cuidado de Mimma Paulesu Quercioli, con un prólogo de G. Fiori, Feltrinelli, Milán, 1977.
(12) Lettere. 1908-1926, edición citada, págs. 271-272 (traducción castellana en Cartas a Yulca, cit., pág. 61)
(13) Andrea Viglongo en Gramsci vivo, cit., págs. 166-167. Lo recoge también G. Fiori en "L'universo affettivo di Nino", Gramsci, Togliatti, Stalin, cit., pág. 109.
(14) Cartas a Yulca, cit., pág. 52.
(15) Informan sobre las biografías de las hermanas Schucht (Eugenia, Julia y Tatiana): A. Cambria en Amore come rivoluzione, cit.; G. Fiori, en "L'universo affettivo di Nino", cit., págs. 109-140; A. Natoli, Antigone e il prigioniero, Editori Riuniti, Roma, 1990; y Mimma Paulesu Quercioli en su edición de las cartas de Gramsci a Julia.
(16) Cartas a Yulca, cit., pág. 94.
(17) Cartas a Yulca, cit., págs. 50-51.
(18) En A. Cambria, Amore come rivoluzione, cit., págs. 20-23. Sobre la personalidad de Julia Schucht véase también M. Paulesu Quercioli, "Recuerdo de Julia", donde se reproduce una entrevista a Vincenzo Bianco, que fue testigo directo de la relación de Julia con Antonio en Moscú, en Cartas a Yulca, cit., págs. 16-19.
(19) Cartas Yulca, cit., pág. 52.
(20) El testimonio de V. Bianco en Cartas a Yulca, cit., pág. 17. Bianco dice que Gramsci le dijo "hacia el mes de septiembre" que Julia "estaba en estado interesante". Esto no cuadra con la fecha de nacimiento del primer hijo de Julia, en agosto de 1924; tampoco cuadra con la fecha de la hermosa carta, ya desde Viena, en que Gramsci se refiere a la noticia, reciente, de que Julia estaba embarazada: principios de marzo de 1924.
(21) El epistolario de Viena, excluidas las cartas a Julia Schucht, ocupa doscientas páginas en la edición de Santucci., Lettere. 1908-1926, cit., págs. 132-350. Véase también G. Somai, Gramsci a Vienna. Ricerche e documenti. 1922-1924, Argalía, Urbino, 1979.
(22) Cartas a Yulca, cit., pág. 59.
(23) Carta del 5 de enero de 1937 a Julia Schucht, en Cartas a Yulca, cit., pág. 213.
(24) Cartas a Yulca, cit., págs. 57-58.
(25) Carta del 15 de enero de 1925, en Cartas a Yulca, cit., págs. 112-113.

 

(*) De Leyendo a Gramsci. Ed. El viejo topo (España). Barcelona, 2001.