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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (II) - Pàgina 6

dimarts, 5 de juny de 2007 23:39

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Antonio Gramsci: Amor y revolución* (II)
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El preso 7047

El proceso contra los dirigentes del Partido Comunista tuvo lugar en Roma entre finales de mayo y comienzos de junio de 1928. Gramsci fue condenado a 20 años, 4 meses y 5 días de reclusión. Él había calculado que sería condenado a un máximo de 14 o 17 años. A pesar de que tuvo la oportunidad de hablar sobre la carta de Ruggero Grieco con otros compañeros mientras permaneció en la cárcel de Roma durante el proceso, es posible que la diferencia de años entre este cálculo y lo que fue la condena haya hecho aumentar en su cerebro la sospecha que le sugirió el juez instructor. O que Gramsci haya pensado que aquella carta desbarataba gestiones diplomáticas en curso que podían haber favorecido su situación. Pero no hay confirmación de estas conjeturas para esa fecha (55). Es notorio, en cambio, que con la condena y el traslado a la casa penal de Turi empieza una nueva fase de la vida de Gramsci. En la cárcel de Turi estuvo desde julio de 1928 hasta noviembre de 1933. Allí le matricularon con el número 7047.

En la cárcel de Turi Gramsci trató de organizarse siguiendo los mismos criterios resistenciales que le habían sostenido desde su detención en 1926. El fiscal fascista había puesto énfasis en que el régimen quería impedir que aquel cerebro siguiera pensando. Él hizo todo lo que pudo para que aquel designio no se cumpliera: elaboró un nuevo plan de estudios, se organizó para ganar tiempo que dedicar a la lectura, pidió y obtuvo libros que consideraba indispensables, siguió con su trabajo de aprendizaje de distintas lenguas y empezó a traducir textos del alemán, del inglés y del ruso, consiguió permiso para escribir en la celda, entabló un interesante diálogo intelectual con Piero Sraffa y redactó lo esencial de lo que conocemos con el nombre de cuadernos de la cárcel.

Pero hay al menos tres factores que en la cárcel de Turi determinaron un cambio notable en su manera de entender la relación entre las razones de la razón y las razones del corazón, entre lo público y lo privado, entre el compromiso político-moral y el mundo de los sentimientos. El primero de estos factores fue el constante empeoramiento de su salud. El segundo, el deterioro de su relación afectiva y sentimental con Julia Schucht. Y el tercero, el distanciamiento político respecto de sus compañeros más próximos. Las tres cosas juntas producirían en Gramsci una considerable inestabilidad emocional: cambios de humor muy acentuados, tendencia al aislamiento, irritabilidad en el trato con los más próximos, dificultad temporal para la concentración intelectual, desconfianzas que a veces se le convirtieron en obsesiones, oscilación entre la ironía todavía alegre y distanciada y el sarcasmo amargo, acentuación de la acribia de filólogo en la correspondencia íntima, progresivo sentimiento de derrota personal hasta llegar al sentimiento de muerte.

Lo más notable es que de todo esto, y del sufrimiento que tuvo que conllevar, apenas hay huellas en los cuadernos que simultáneamente estaba escribiendo en la cárcel. Se diría que en las horas, muchísimas horas, que Gramsci dedicó a redactar los cuadernos hizo abstracción casi absoluta de su dolor, de su sufrimiento, de sus cambios de humor, de sus irritaciones, de sus sospechas y de sus obsesiones. Logró imponer ahí un distanciamiento intelectual y una fuerza moral cuya expresión más alta está en un paso de una carta a la madre, en la que dice: "Yo no hablo nunca del aspecto negativo de mi vida, ante todo porque no quiero ser compadecido. He sido un combatiente que no ha tenido suerte en la lucha inmediata y los combatientes no pueden ni deben ser compadecidos cuando han luchado sin ser obligados a ello si no porque así lo han querido conscientemente"(56). En esas palabras y en lo que deja entrever en algunas de las cartas a Tatiana escritas desde Turi en los peores momentos de la enfermedad, donde solicita ayuda (pero sólo y exclusivamente la ayuda que él quiere en ese momento y en la forma precisa que su voluntad le dicta), está la clave para entender el carácter de este Gramsci resistencial.

Ya durante la conducción desde la cárcel de Milán a la cárcel de Roma para el proceso y desde Roma a Bari, una vez concluido éste, su salud ha empeorado. En junio de 1928 se le diagnosticó una uricemia crónica. Como consecuencia de ello, ha tenido periodontitis expulsiva. Simultáneamente ha pasado por varios momentos de agotamiento nervioso. En julio sufre un herpes que le produce una inflamación muy dolorosa y pasa varios días de dolores infernales, "retorciéndome como un gusano", dice (57). En diciembre de ese mismo año, ya en Turi, tuvo un ataque de ácido úrico que le dejó medio inválido durante tres meses. En noviembre de 1930, el insomnio prolongado se le hace insoportable, duerme una media de dos horas diarias y tiene problemas de concentración (58). Desde mediados de agosto de 1932 tiene serios problemas intestinales, no atribuibles sólo a la mala alimentación, siente que las fuerzas empiezan a abandonarle, vuelve a sufrir de insomnio y cree que su capacidad de resistencia está quebrándose, que está perdiendo el control de los impulsos y de los instintos elementales del temperamento (59). En septiembre entra en una fase de exaltación nerviosa. Describe entonces su situación como "un frenesí neurasténico, una obsesión continua y espasmódica que no me deja un momento de quietud" (60). En diciembre de 1932 vuelve a tener insomnio y pide consejo médico a Tatiana para tomar un somnífero. En marzo de 1933 tiene una crisis grave, desfallece, cae al suelo, no puede valerse por sus propios medios y, durante semanas, tiene que ser asistido en la celda por otros compañeros (61).

Sólo entonces, después de cinco años de cárcel, ha tenido Gramsci un diagnóstico relativamente preciso de sus males, cuando el doctor Umberto Arcangeli le visita en Turi de Bari. Hasta entonces los médicos que le vieron actuaron de oficio, le recetaron lenitivos o placebos o, en algún caso, le trataron como a un enemigo político. El doctor Arcangeli le diagnostica lesiones tuberculosas en el lóbulo superior del pulmón derecho con emotisis, arterioesclerosis con hipertensión arterial e insomnio permanente, pero, sobre todo, sugiere que tiene el mal de Pott, es decir, una tuberculosis de la columna vertebral que afecta a las vértebras y que suele producir dolor espontáneo por irritación de las raíces de los nervios raquídeos y, cuando se tiene desde de la infancia, cifosis. Es posible que Gramsci haya tenido desde niño el mal descrito por el cirujano británico Percival Pott. Eso explicaría la deformación de su columna y, al no haber sido tratado el mal, la reiteración de los estados de irritabilidad desde su adolescencia (62). En tales condiciones, ante una enfermedad descubierta muy tardíamente y cuyo tratamiento requiere, para empezar, inmovilización y reposo, se comprende que el doctor Arcangeli concluyera que Gramsci no podría sobrevivir mucho tiempo en las condiciones carcelarias. A pesar de lo cual esta situación se prolongó todavía siete meses, hasta noviembre de 1933, fecha en la que, finalmente, fue trasladado a una clínica en Formia. Gramsci ya no mejorará más que esporádicamente en los años siguientes.

 

Notas

(26) Cartas a Yulca, cit., págs. 61-63. (27) El mismo Gramsci había escrito a Palmiro Togliatti el 27 de enero de 1924: "No te oculto que en estos dos años que he permanecido fuera de Italia me he vuelto muy pesimista" (Lettere. 1908-1926, ed. Santucci, cit., pág. 215). (28) Carta del 15 de marzo de 1924, en Cartas a Yulca, cit., pág. 65. (29) Carta del 21 de julio de 1924, en Cartas a Yulca, cit., pág. 82. (30) Desde el asesinato de Matteotti el 10 de junio de 1924, y durante algunos meses, Gramsci pensó, como muchos otros antifascistas, que el régimen establecido por Mussolini tocaba a su fin. Escribió a Julia: "El volcán ha entrado en erupción liberando una inmensa lengua de lava ardiente que ya ha invadido todo el país alejando todo y a todos del fascismo". (31) "Me disgusta muchísimo no haber podido ir, pero mi presencia aquí era indispensable dada la situación. La compañera [Schucht] es una comunista y tiene que haber comprendido esto, estoy seguro". (Carta a Vincenzo Bianco, del 30 de junio de 1924, en Lettere. 1908-1926, cit., pág. 132.) (32) Carta del 6 de octubre de 1924, en Cartas a Yulca, cit., pág. 93. (33) Carta del 6 de octubre de 1924, en Cartas a Yulca, cit., pág. 92. (34) Carta del 26 de noviembre de 1924, en Cartas a Yulca, cit., pág. 99. (35) Carta del 10 de noviembre de 1924, en Cartas a Yulca, cit., págs. 95-96. (36) Carta del 9 de junio de 1925, en Cartas a Yulca, cit., pág. 109. (37) Carta del 1º de julio de 1925, en Cartas a Yulca, cit., págs. 108-109. (38) Carta del 12 de julio de 1925, en Cartas a Yulca, cit., ??? (39) Carta del 15 de agosto de 1925; en Cartas a Yulca, cit., págs. 112-113. (40) Carta del 15 de septiembre de 1926, en Cartas a Yulca, cit., pág. 116. (41) Carta del 15 de enero de 1927, en Cartas a Yulca, cit., pág. 124. (42) Carta del 7 de enero de 1927, en Lettere dal carcere, ed. Santucci, cit., pág. 34. (43) Carta del 18 de abril de 1927, en Lettere dal carcere, ed. Santucci, cit., pág. 74. (44) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 80 y 117-118. (45) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 170 y 191. (46) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 117-118. (47) Detalles sobre esta elección en P. Spriano, Gramsci in carcere e il partito, L´Unità, Roma, 1988; en A. Natoli, Antigona e il priggioniero, Editori Riuniti, Roma, 1990; en la Introducción de V. Gerratana a P. Sraffa, Lettere a Tania per Gramsci, Editori Riuniti, Roma, 1991; y en A. Lepre, Il prigioniero. Vita di Antonio Gramsci, Laterza, Bari-Roma, 1998. (48) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 80 y 83. (49) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 113, 141, 198 y 199. (50) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 42-43. (51) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 68-69. (52) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 163-164; Cartas a Yulca, cit., pág. 134. (53) Lettere dal carcere, ed. Santucci, pág. 186; Cartas a Yulca, cit., pág. 135. (54) Está reproducida en P. Spriano, Gramsci in carcere e il partito, cit., págs. 135-137. Empieza con un párrafo afectuoso y solidario, en el que Grieco pide a Gramsci noticias sobre su estado de salud; en los párrafos siguientes, y aun a sabiendas de que puede incurrir en una infracción de las normas carcelarias, Grieco da noticia de la luchas internas en el partido comunista ruso, de sus repercusiones en los partidos comunistas europeos y comenta la situación internacional; luego anuncia Gramsci que, con Togliatti, tiene el proyecto de publicar una selección de artículos suyos; y termina pidiéndole que le escriba al hotel Lux, en Moscú. El tono es amistoso y, en algún paso, jocoso. (55) La documentación disponible (procedente de los archivos de la URSS) sobre las gestiones secretas con el Vaticano, entre septiembre de 1927 y enero de 1928, para un intercambio de prisioneros, está en L'ultima ricerca di Paolo Spriano, L'Unità, Roma, 1988, págs. 15-21. (56) Lettere dal carcere, ed. Santucci, pág. 448. (57) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 197 y 200. (58) Lettere dal carcere, ed. Santucci, pág. 361. (59) Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 605 y 609. (60) Lettere dal carcere, ed. Santucci, pág. 625. (61) En esos días el médico de la cárcel ha calificado su mal con las mismas palabras que muchos años antes había empleado el médico que le visitó en Turín: "anemia o debilidad cerebral". (62) Gramsci se refiere a esto en una carta a Tatiana escrita el 23 de abril de 1923. Véasela en Lettere dal carcere, ed. Santucci, págs. 697-699.

(*) De Leyendo a Gramsci. Ed. El viejo topo (España). Barcelona, 2001.